El 7 de noviembre fallecía el sacerdote Enrique Arellano Chocarro en Pamplona con 88 años de edad.
Queremos despedir a este enamorado de la jota con el siguente artículo que le dedicó Diario de Noticias en el año 2017.
¡Hasta siempre!
Jotas con mensaje de un cura
del pueblo
Enrique
Arellano Chocarro, actual párroco de Dicastillo y Arellano, refleja a través de
la música su compromiso con los problemas de los vecinos y vecinas.
“Las jotas son una manera muy sencilla de comunicar
y de llegar al sentir de la gente”
DICASTILLO. El actual párroco de
Dicastillo y Arellano, Enrique Arellano Chocarro ha publicado el libro
Aires
de jota en la vida de un cura rural, en el que se recogen las letras y la
música de las cerca de 50 jotas que ha compuesto este sacerdote, algunas de
ellas muy populares y conocidas a lo largo y ancho de la geografía. Así,
Enrique Arellano es autor por ejemplo de la partitura
Dicen que dijo el
juglar, pueblo que canta no muere.
Todas son jotas con mensaje, muchas de ellas con referencia a los patrones y
vírgenes de las localidades y buena parte de ellas centradas además en los
problemas y preocupaciones de los pueblos y de sus vecinos y vecinas. Arellano
también ha escrito letras para ceremonias (bodas, bodas de oro y plata,
funerales, etc) y otras alusivas a su localidad natal, Allo.
Desde
artajona. La recopilación de estas obras en un libro fue una
iniciativa surgida en Artajona, localidad en la que Enrique Arellano ejerció el
sacerdocio entre 1956 y 1974. En concreto, la publicación la ha editado la
Sociedad de Corralizas y Electra de Artajona, con el diseño y maquetación de
Miguel Bañales y Javier Echarri, y fotografías de estos últimos y de José
Manuel Jaurrieta y Ángel Úsar. Una fotografía de dos músicos de Artajona, el
jotero José Echarte,
Puchero, y el acordeonista Carlos Jimeno ilustra la
portada. Además de en esta localidad, Enrique Arellano ha llevado a cabo su
labor pastoral en Sangüesa (1955-1956), Cascante (1974-1978), Larraga
(1978-1997) y Dicastillo y Arellano.
Vecinos y vecinas de Artajona que en su día integraron siendo niños la
rondalla y coro que Enrique Arellano impulsó en la localidad han decidido ahora
siendo adultos recoger las jotas en este libro, que incluye letras, partituras
y explicaciones sobre las motivaciones que han llevado a escribir cada una de
las letras. “Les dije que tenía mucho material de Artajona, más de 600
fotografías, así como cintas de cassette grabadas, etc, y las jotas que yo he
ido haciendo durante los 60 años de cura y me animaron a recogerlas en un
libro”.
Medio
de apostolado. El amor de este sacerdote por la música le ha llevado
a formar y dirigir coros en todos los destinos en los que ha estado. Así, según
se recoge en la contraportada del libro, Enrique Arellano ha empleado la música
“como medio de apostolado”. “La música y la jota son una manera muy sencilla de
comunicar y de llegar al pueblo. Una jota la entiende todo el mundo, aunque
componerla no es sencillo, porque en cuatro versos hay que transmitirlo todo”.
Su labor pastoral ha sido cercana e involucrada con las localidades y con
sus problemáticas. “He estado sobre todo con la gente que sufre y con los
problemas que han tenido el campo, los pueblos, el mundo rural”, resume.
Por ejemplo, una de las primeras jotas que hizo en Artajona hacia referencia
al éxodo rural hacia las ciudades con la letra
Viva el cerco de Artajona. La
ciudad no es para mí. Aunque me dejen solico, yo a Pamplona no he de ir. “Comenzó
la gente a marcharse. Fue una sangría. La jota fue un grito de clamor a lo que
estaba sufriendo el pueblo”, resume.
Esta implicación con el mundo rural y su situación siguió también en su
siguiente destino en Cascante. “Era un escenario muy distinto, llegué en el
movimiento álgido del movimiento obrero. En Cascante había tres fábricas
textiles con 500 trabajadores. Estuve del 74 al 78 y fueron tiempos de huelgas,
de agitación, los años más duros que he vivido. Hubo una huelga de 17 días de
las tres empresas. Teníamos a la Guardia Civil y a la Policía todo el día
vigilando, porque las reuniones obreras eran en la parroquia”, relata Enrique
Arellano, que añade además que “en Cascante me tocó también la guerra del
tomate o la de los tractores. Viví la lucha de los labradores por mantenerse y
defender sus productos . Así, varias de las jotas de esa época hacen referencia
al campo, como la que reza
Al campo le toca siempre el bailar con la más
fea. Damos de comer a todos y lo nuestro no se arregla”.
Asimismo, recuerda la agitación vivida ese mismo año con motivo de la
canonización de la cascantina Santa Vicenta María. “No queríamos politizar la
fiesta de la santa, queríamos celebrar una fiesta del pueblo, pero algunos
querían invitar al gobernador y a representantes de los ministerios de Madrid”,
recuerda Arellano, que añade que “no queríamos que se llenase todo de coches
oficiales, sino algo del pueblo. Los tres curas que estábamos entonces en
Cascante incluso decidimos que si venían los políticos nos íbamos al Moncayo y
dejábamos todo ese día”.
Pueblo
que canta. Por su parte, de esta localidad pasó a Larraga, donde el
sacerdote Ángel (Aingeru) Sada ya había impulsado una rondalla. “Trabajamos muy
bien Ángel y yo y en el 80 grabamos un disco de jotas”. Fue en esta localidad
donde compuso la popular
Dicen que dijo el juglar, pueblo que canta no
muere, y si es verdad lo que dijo, Larraga no morirá. “Se hizo muy conocida
y ahora se canta en todos los sitios cambiando el Larraga por Navarra”, explica
el autor.
La letra se la motivó el propio carácter de la localidad. “Encontré un
pueblo muy festivo, muy musical, de mucho cantar, por eso me inspiró lo de
pueblo que canta no muere. En Larraga es donde más jotas hice. También abordé
la situación que había en el campo, con muchas diferencias entre ricos y
pobres”. En sus jotas, Enrique Arellano también hizo referencia en su día a
otros momentos polémicos como el que se vivió en el valle de Aranguren en torno
al vertedero de Góngora.
Variedad.
Ya en Dicastillo, las letras también han
abordado la actualidad, con jotas en torno a la polémica Línea de Alta Tensión
o a la crisis. Así, aunque no se incluyen en este libro, en los últimos tiempos
Enrique Arellano ha escrito villancicos alusivos a la situación económica o al
drama de los refugiados,.
Sobre su libro, Enrique Arellano es humilde al respecto. “No tiene
importancia, es sencillo, pero cuando los de Artajona vieron el material me
animaron a recogerlo en un libro y ahí están 50 letras. Solo son reflejo de mi
vida, de lo que he vivido como sacerdote”, concluye.